Observatorio de las Altas Capacidades Intelectuales

Hoy día es muy común oír hablar de la necesidad de la educación en la diversidad. Esto puede referirse a muchas áreas: diversidad étnica, cultural, social, económica y, la que nos atañe, diversidad intelectual. Ésta constituye un tema de interés social que se centra en los alumnos que tienen más dificultades, el problema está en definir a qué se le denomina “dificultad”: para ello tendríamos que centrarnos en cuál es el objetivo del Sistema Educativo; si éste consiste en que los alumnos alcancen un nivel de conocimientos determinado, buena parte de los alumnos con Altas Capacidades Intelectuales (ACI) no tiene gran dificultad, pese a lo cual, son demasiados los chicos de estas características los que, o bien fracasan estrepitosamente, o bien aprueban con unas notas considerablemente bajas para su capacidad. ¿Quiere decir esto que tenemos que preocuparnos sólo por aquellos alumnos que no alcanzan los niveles académicos esperados para su capacidad y dentro de un currículo cerrado? No, en absoluto, ese es uno de los indicadores de que estamos equivocándonos de camino. Según la legislación vigente en los fines de la Educación Obligatoria “El sistema educativo español se orientará a la consecución de los siguientes fines: a) El pleno desarrollo de la personalidad y de las capacidades de los alumnos. […]”

Así pues, debemos entender que la Educación Obligatoria no está orientada a la transmisión de un contenido concreto, sino al desarrollo completo y armónico del individuo, coadyuvando al máximo desarrollo de sus capacidades.

A nivel escolar, la legislación educativa ha establecido el marco en el que deben abordarse las necesidades educativas de los alumnos con Altas Capacidades Intelectuales, ese marco ha ido variando con las diferentes reformas legislativas pero, lo que tienen en común es que el desarrollo de estas leyes ha sido disperso y con poco calado en las administraciones educativas con competencias. Básicamente, el desarrollo que la normativa vigente ha sufrido en estos últimos años se centra en la regulación de los periodos de flexibilización de la escolarización y de los procedimientos para llevarla a cabo.

Aunque esta consideración del alumnado con Altas Capacidades Intelectuales (ACI) como alumnado con necesidad particular de atención por parte de la Administración Educativa, no es nueva, desafortunadamente en la Comunidad de Castilla León esta atención brilla por su ausencia.

Tenemos que considerar las primeras necesidades aquí en Salamanca y también en Ávila y Zamora: estamos a la cola de niños y adolescentes detectados como alumnos de AACC. Así pues, queda claro que hay un problema de identificación/detección severo. Este problema está íntimamente relacionado con la falta de formación de los maestros y profesores en este campo; incluso los propios orientadores tienen un déficit formativo que resulta preocupante. Estamos inmersos en esa filosofía del “pues yo no lo veo” que tanto daño está haciendo. Si ya los pediatras aceptan en su mayoría que cuando un padre dice que su hijo está enfermo es porque realmente algo le pasa, ¿por qué tienen que pasar nuestros hijos por el filtro de un tutor, generalmente poco formado, que apenas conoce al alumno, antes de llegar al orientador o Equipos de Orientación (en Primaria) o Departamentos de Orientación (en Secundaria) Aunque esta consideración del alumnado con Altas Capacidades Intelectuales (ACI) como alumnado con necesidad particular de atención por parte de la Administración Educativa, no es nueva, desafortunadamente en la Comunidad de Castilla León esta atención brilla por su ausencia.

En el caso de Salamanca, es sorprendente cómo, según datos del Ministerio de Educación, Ciencia y Deporte, en el curso 2013-14, sólo hay detectados en primaria y secundaria un total de 35 alumnos ¡el 0’07 %!, cuando con la definición más restrictiva de superdotación (que es sólo uno de los tres conceptos que incluye la Administración Educativa en el más amplio de AACC) tenemos que, al menos, un 2 % de la población escolar es superdotada.

Queda además por establecer si esos alumnos que figuran como AACC en las bases de datos oficiales están siendo atendidos según sus necesidades educativas. Dado el desconocimiento que se tiene con respecto a dichas necesidades, y teniendo en cuenta la realidad detectada desde las asociaciones de AACC, podemos sospechar que la respuesta es negativa: como mucho, se les están dando ejercicios y trabajos extra, en vez de sustituir el trabajo que se les da al resto del alumnado por un trabajo más acorde con sus necesidades, tal como se hace con los alumnos que tienen otro tipo de necesidades educativas.

Está claro que en España se sabe bastante poco sobre estos niños, sus características y necesidades y que lo poco que se sabe no se aplica. Es por ello que resulta imprescindible una mayor implicación de todos los afectados en solventar estas carencias y, resulta obvio, que la implicación de la universidad, que es la principal formadora de los psicólogos y docentes, debe ser un eje fundamental para mejorar la situación de estos alumnos.

La USAL, consciente de esta necesidad y del reto que supone atenderla, tiene interés en dar una respuesta social a la presencia de alumnado con Altas Capacidades Intelectuales, en el marco de las funciones y finalidades de la propia universidad.

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